
iPhone y el río que cambia para seguir siendo el mismo
09-01-2007, 9:42 AM hora del Pacífico. Moscone West, San Francisco. Steve Jobs sube al escenario de la Macworld con un jersey negro de cuello alto, vaqueros y zapatillas New Balance, y anuncia tres productos revolucionarios: un iPod de pantalla ancha, un teléfono móvil revolucionario y un dispositivo de comunicación por internet. Lo repite tres veces antes de revelar que los tres son un solo aparato. Lo llama iPhone. 18 años después, Apple ha vendido más de 2 500 millones de iPhones, controla el 20 % del mercado mundial de smartphones y es la empresa de mayor capitalización del planeta. Pero el iPhone que Jobs presentó esa mañana ya no existe. Ningún átomo en común con el actual. Y, sin embargo, sigue llamándose iPhone. Hace 25 siglos, un filósofo griego retirado al templo de Ártemis había formulado la paradoja exacta. La cita locutada del fragmento DK 22 B12 condensa el cruce: el río que fluye y, sin embargo, sigue siendo el río. Tres matices: el iPhone fue una decisión defensiva, no visionaria; Heráclito no fue el filósofo del cambio sino el de la permanencia bajo el cambio; la canibalización ordenada explica más que cualquier teoría de la innovación. Edición recomendada: Heráclito de Éfeso, fragmentos en “Los filósofos presocráticos III”, Editorial Gredos, Biblioteca Clásica, traducción de Conrado Eggers Lan y Victoria E. Juliá. Todo está escrito · La carta — desarrollo amplio en Substack.


















