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Artwork for La Cabina de Emma
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La Cabina de Emma

Emmanuel Hermosillo

Un viaje sonoro cada martes. Tomo un concepto que me ha servido para pensar el oficio y la vida, y lo desarrollo en voz alta. La primera temporada la dedico a ideas griegas que siguen explicando cómo trabajamos hoy.

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  • 5 episodes
  • weekly
  • Avg 6 min
  • Spanish
  • S1 · E7
    Yesterday · 6 min

    Xenía

    Todos hemos sido el que llega. El primer día en un trabajo nuevo, cuando no sabes ni en dónde se guarda el café. La mudanza a una ciudad en donde no conoces a nadie. La comida familiar del otro, en donde eres el que sobra en la mesa. Y en esos días uno se acuerda perfecto de quién se acercó primero. A eso se le llama xenía. Viene de xénos, que quiere decir extranjero y también quiere decir huésped. Para los griegos era la misma palabra. El desconocido ya era, por solo el hecho de llegar, alguien a quien se le recibe. No era por buena educación, era un asunto sagrado. Zeus cargaba con un sobrenombre por eso: el que protege al que llega. En la Odisea, Odiseo aparece en una playa después de un naufragio. Sin barco, sin ropa, sin ninguno de sus hombres. Es el rey de Ítaca y ahí no es nadie. Se encuentra con Nausícaa, que lo manda a bañar, lo viste y lo lleva a casa de su padre. Ahí lo sientan y le dan de comer. Pasan dos cantos enteros antes de que alguien le pregunte cómo se llama. Ese es el orden. Primero se recibía y después se le preguntaba el nombre. Puesto del otro lado significa algo bastante grande. Te daban de comer antes de saber si valías la pena. Hoy el que llega hace lo contrario. Se explica primero. Cuenta a qué se dedica, de parte de quién viene, con quién trabajó, cuánto se va a quedar. Entrega sus credenciales en la puerta y ahí se decide cómo se le va a tratar. La verdad, eso cansa. Cansa llegar a un lugar y tener que ganarse el derecho a estar cómodo. Yo me acuerdo de gente que me recibió bien cuando no tenía nada que ofrecerles, y estoy seguro de que ellos ya ni se acuerdan. Eso es lo raro de la xenía. El que te recibe hace algo chico, y el que llega se lo guarda por años. Creo que ofrecer hospitalidad sin ningún interés sí existe, aunque creo que cada vez es menos común. Creo que en el mundo en el que vivimos, donde muchas relaciones se han vuelto bastante transaccionales —qué me das a cambio de qué, qué gano yo, etcétera—, justamente por esa razón, cuando alguien tiene un gesto genuino, sin esperar nada a cambio, se nota muchísimo y se nos hace tan fuera de lo común. Entonces también creo que hay que ser realistas. Casi siempre existe algún tipo de beneficio, aunque no necesariamente sea económico. Y yo lo veo de repente al caminar en la calle y que saludas a un vecino, y luego muchas veces hasta se extraña, porque aunque no los conoces, es un tema de hospitalidad, de hacer sentir bien a la otra persona en una mañana, y de igual forma tú te quedas con eso. Para mí la diferencia está en la intención. Si haces algo únicamente esperando que la otra persona te lo regrese, eso ya no es hospitalidad, es un intercambio. Y creo que la hospitalidad de verdad aparece cuando haces sentir bien a alguien aunque no tengas la certeza de recibir nada, nada en lo absoluto, a cambio. Para mí hospitalidad es hacer sentir bien a alguien sin que lo tenga que pedir. Es estar atento, entender qué necesita la otra persona, hacerle sentir que realmente importa. No creo que solamente sea algo relacionado con trabajar en un hotel, un restaurante o alguna empresa de servicio en la que le des atención a un cliente. Para mí es una forma de tratar a la gente, desde recibirla en tu casa hasta cuando atiendes a un cliente o cómo haces sentir a alguien que trabaja contigo. Creo que la verdadera hospitalidad está hecha más de los detalles que de las grandes cosas. En saber escuchar, en anticiparte, en dedicarle tiempo a la gente, en ser generoso en ese sentido y hacer que la otra persona se sienta cómoda y bienvenida. Los griegos sabían que nadie es anfitrión para siempre. El que hoy tiene la casa, mañana es el que llega cansado a una puerta ajena. Por eso el que recibía no lo hacía por bueno. Lo hacía porque sabía que le podía tocar. Y hoy tenemos hoteles y teléfono, pero sigue habiendo gente llegando. Todos ellos están donde alguna vez estuvimos nosotros. Hoy quiero que te acuerdes de la última vez que llegaste a un lugar donde no conocías a nadie. Y de quién se acercó. Esa persona seguramente ni se acuerda de ti. Tú sí. Y tú, ¿ya sabes quién eres? Emmanuel Hermosillo Vender despierto Si le sirve a alguien más, pásaselo. Un ensayo sonoro cada martes. El despertador, cada mañana a las seis. Get full access to Vender despierto at venderdespierto.substack.com/subscribe

  • September 22 · 6 min

    La felicidad no es un estado de ánimo

    ¿Esto que estoy haciendo en verdad vale la pena? Es una pregunta que adopté como costumbre. Y no nace del pesimismo ni desde la queja, sino como un ejercicio de apartarme un poco de la rutina y mirar la escena con más claridad. Es una manera de preguntarme si lo que hago me acerca a la vida que quiero, o si solo estoy ocupado llenando los días. Lo pienso ahora, que escribo a las cinco de la mañana en un sábado. Lo pienso también cuando corro, y en el kilómetro veintitrés mi cuerpo comienza a reclamar con la voz de Natalia Lafourcade: ¿para qué sufrir si no hace falta? En momentos así es donde la pregunta toma más fuerza. ¿Vale la pena? Con el tiempo se volvió una especie de ancla, una forma sencilla de medir si lo que pienso, digo y hago va en dirección de mis valores. Si me empuja hacia el hombre que quiero ser, o si me aleja de él. Ahí es donde la palabra griega eudaimonía me parece más cercana. Actualmente siento que es muy superficial lo que direcciona mi vida. O es mi ancla, de la cual me agarro: es lo que yo obtengo de lo que hago. Es decir, si yo entrego un diseño, un producto, una idea o un concepto, la retroalimentación positiva es esa ancla. Como ese estímulo para seguir haciendo cosas que cumplan o superen la expectativa de mis clientes. Y en lo personal también esa parte, esa satisfacción de poder hacer algo que yo consideré que trasciende más allá de mí. Por ejemplo, en un proyecto: un logotipo le da cara a las cosas, una estrategia le da sentido a un logotipo. Entonces esa es mi ancla: recibir esa satisfacción a la vez de la reacción positiva de lo que genero hacia las personas. — Abraham Hernández Aristóteles decía que la eudaimonía es el fin último de la vida. La floración plena del ser, el vivir de acuerdo con la virtud, desplegar lo que uno lleva dentro. No tiene nada que ver con esa idea superficial de felicidad que hoy parece estar en todas partes, como si vivir bien significara estar contento todo el tiempo. Su origen se podría explicar de manera simple: eu significa bien, y daimón es el espíritu interior que nos guía. Eudaimonía es, en el fondo, dejarse llevar por lo mejor que tenemos adentro. Aristóteles la separaba de los placeres pasajeros, como el dinero, el poder o la fama. Todo eso se acaba o se gasta. La eudaimonía, en cambio, se cultiva con justicia, con templanza, con sabiduría y con coraje. Y lo fregón es que no se juega en lo extraordinario, sino en lo más simple: en cómo hablas con alguien cercano, en cómo usas tu tiempo y en cómo tratas a quien no tiene nada que darte. Por eso esa pregunta —¿vale la pena esto?— se volvió brújula. Me ayuda a elegir irme a dormir temprano en vez de estirar la fiesta que seguro me dará resaca. Ver mi oficio como una forma de ser útil a los demás, no solo como una fuente de ingresos. Encontrar oficio en lo que hago. Puede parecer un detalle menor, pero no lo es. Una pregunta así, repetida con conciencia, puede cambiar la forma en que vives. Podrá no darte respuestas rápidas o claras, pero te obliga a detenerte y a elegir con cuidado. Y esas pequeñas elecciones, al final, son las que trazan el camino. Para mí, florecer como persona quiere decir, significa o simboliza lograr el máximo potencial del que eres capaz. Y eso solamente lo puedes conocer tú. Y siendo como muy romántico, tal vez no tienes límite: simplemente lo estás persiguiendo todo el tiempo. Entonces eso es florecer para mí. Perseguir constantemente mi tope en lo físico, en lo espiritual, en lo profesional, en lo personal, en lo motriz. Lo que sea. Pero siempre tratar de perseguir algo más allá de lo que ya sé que puedo hacer hoy. — Abraham Hernández No hay que ver la eudaimonía como un destino al que se llega de golpe, sino como un proceso que se construye día a día, en lo que eliges aunque nadie se dé cuenta. Te invito a pensarlo. A mirarte con calma y preguntarte: ¿vale la pena lo que hago? ¿Me acerca al que quiero ser, o solo me mantiene distraído? La plenitud no aparece de repente. Se cultiva despacio. Y cuando florece, permanece. Y tú, ¿ya sabes quién eres? Gracias a Abraham Hernández por prestar su voz y su pensamiento a este episodio. Emmanuel Hermosillo Vender despierto Si conoces a alguien que necesita escuchar esto, pásaselo. La Cabina de Emma llega cada martes. Gratis. Get full access to Vender despierto at venderdespierto.substack.com/subscribe

  • September 15 · 6 min

    Vamos a arder muchas veces

    Hace unos días me crucé con una palabra que parecía trabalenguas. Palingenesia. Difícil de leer, y más difícil de pronunciar, por esa extraña relación que tienen la L y la G cuando les toca ser vecinas dentro de una palabra en español. Pero con un gran significado en su simpleza: volver a ser. La idea de que después de la destrucción siempre hay un nuevo comienzo. No sé por qué, pero cuando la leí no pensé en griegos con túnicas dentro de un libro de filosofía. Pensé en una canción. Innerbloom, de RÜFÜS DU SOL. Un viaje de nueve minutos en el que no hay letra que explique nada. Solo una corriente de sonidos que poco a poco te va abriendo por dentro. Cada vez que la escucho me pasa lo mismo. Siento que algo florece adentro. Como si me devolviera a mí mismo después de un incendio invisible. Supongo que ahí está la conexión. Palingenesia es el concepto. Innerbloom es el sentimiento. Una es teoría, el otro es experiencia. Los estoicos hablaban de universos enteros que arden y vuelven a encenderse. Yo lo pienso más en lo pequeño. En las veces que me siento roto, quemado por dentro, y tengo que empezar de nuevo. Y en lo que hay en esos lugares, entre las cenizas. La música. Las charlas con mi novia. Mis carreras de madrugada. Eso cotidiano que me recuerda que sigo aquí. Quizá por eso me gusta la idea de que todo está conectado. Los griegos antiguos con sus incendios cósmicos, un grupo australiano haciendo electrónica, y tú o yo escuchando una canción en los audífonos y sintiendo que algo cambia. Vamos a arder muchas veces. Y también vamos a florecer otras tantas. Lo importante es no olvidar que cada incendio es la antesala de un renacer. Aunque a veces tarde en llegar. En este episodio no estoy solo. Lorena Román cuenta el año en que dejó su vida atrás, y lo que la sostuvo mientras volvía a empezar. Gracias, Lorena, por prestar tu voz. Emmanuel Hermosillo Vender despierto Si conoces a alguien que necesita leer esto, pásaselo. Vender despierto llega todos los días a las seis de la mañana. Gratis. Get full access to Vender despierto at venderdespierto.substack.com/subscribe

  • September 8 · 6 min

    Las metas se acaban en diciembre

    En diciembre se cierra el año. Se reparten bonos, se toma la foto, se celebra. En enero hay que inventar el número otra vez. Los griegos tenían una palabra para lo que va abajo de todo eso: «telos». Aristóteles abre la Ética a Nicómaco diciendo que toda técnica y toda investigación tienden hacia algún bien. Y unas líneas después separa dos clases de fines. Los que son una actividad. Y los que son un producto que queda aparte de la actividad. Una meta es un producto. Se alcanza, se cobra y se acaba. Un telos es una actividad. Se sostiene mientras se hace. Nosotros confundimos las dos. Ponemos metas de venta, metas de ingreso, metas de crecimiento, y les llamamos propósito. El año se vuelve una fila de metas sin nada abajo que las sostenga. Y cuando el número no se cumple, no queda nada. Grabé un viaje sonoro sobre esto. Dura seis minutos, y es el segundo episodio de La Cabina de Emma. Esta primera temporada la dedico a conceptos que me han servido para pensar sobre mi profesión y mi vida, que al final es lo mismo. Escúchalo con audífonos. Está grabado para eso. ¿Qué seguirías haciendo si le quitaras el número? También puedes escucharlo en Spotify, Apple Podcasts y YouTube. Si te suscribes ahí, cada martes te llega solo. Emmanuel Hermosillo Vender despierto Si conoces a alguien que necesita escuchar esto, pásaselo. Vender despierto llega todos los días a las seis de la mañana. Gratis. Get full access to Vender despierto at venderdespierto.substack.com/subscribe

  • S1 · E1
    September 1 · 6 min

    La educación no cabe en un diploma

    Cuando alguien me cuenta cómo se formó, casi siempre es una lista. El título universitario. La maestría. El diplomado. El certificado. Esta es una respuesta honesta. Pero no dice nada de la persona que la comparte. Werner Jaeger, un filósofo alemán, dedicó tres tomos a un concepto griego llamado «paideia». Los griegos lo usaban para nombrar lo que le pasa a alguien cuando se forma de verdad. Para ellos, formar a una persona era encender algo. Carácter. Criterio. Una manera de estar con los demás y de estar con uno mismo. Las matemáticas, la filosofía y el deporte eran el medio. La persona completa era el punto. Nosotros confundimos eso con estatus. Admiramos a los que producen mucho. Medimos la valía en puestos, en ceros, en resultados de mes. Casi nunca preguntamos si el que llega ahí es alguien con quien uno querría trabajar dos años seguidos. Grabé un viaje sonoro sobre esto. Dura seis minutos y medio, y es la apertura de una nueva sección llamada «La Cabina de Emma» que te llegará cada martes. Esta primera temporada la dedico a conceptos que me han servido para pensar sobre mi profesión y mi vida, que al final es lo mismo. Escúchalo con audífonos. Está grabado para eso. ¿Y tú, ya sabes quién eres? Gracias a Claudio Nieto por compartirnos su punto de vista sobre la educación. Emmanuel Hermosillo Vender despierto Si conoces a alguien que necesita escuchar esto, pásaselo. Vender despierto llega todos los días a las seis de la mañana. Gratis. Get full access to Vender despierto at venderdespierto.substack.com/subscribe

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