

La leyenda del Dorado | Ars Sonorus
Durante siglos, Europa fue una península de Asia y heredó sus tradiciones. La imaginación medieval se nutrió de ellas. Mitos euroasiáticos, relatos bíblicos y noticias de viajeros a Oriente, como el veneciano Marco Polo, sirvieron para interpretar las noticias que llegaban de mundos lejanos o de tierras recién descubiertas. El oro fue protagonista de esas historias. Fuente de poder y material incorruptible, reunía lo terrenal y lo divino, se lo creía depositario de los rayos solares y de la «flor de la vida», la esencia vital. El descubrimiento de América dio pie a nuevas versiones de los viejos mitos áureos. La leyenda de El Dorado es una de las encarnaciones de su antiguo magnetismo: aquellas tradiciones pasaron al Nuevo Continente y espolearon la conquista. El Dorado es una ciudad de oro legendaria ubicada en el territorio del antiguo Virreinato de Nueva Granada, en una zona donde existen abundantes minas de oro. La realidad es que en el siglo XVI, en la actual Colombia, los exploradores españoles tuvieron noticias de una ceremonia realizada en el altiplano cundiboyacense, donde un cacique se cubría el cuerpo con polvo de oro y realizaba ofrendas en una laguna sagrada. La creencia en una ciudad perdida en la selva que guardaba inmensas riquezas en oro espoleó la exploración de América pero se cobró la vida de muchos que trataron de hallarla en vano.


















