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Artwork for El Señor Está Cerca

El Señor Está Cerca

Granos de Vida

"El Señor Está Cerca" es un devocional diario con meditaciones bíblicas para cada día.
Este podcast es un audiolibro basado en la edición impresa del mencionado devocional. Si quieres adquirir el tuyo, por favor contáctate con el distribuidor de tu país: www.granosdevida.cl/esec

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  • Yesterday · 3 min

    Martes 20 de Octubre de 2026 / Meditaciones sobre el Salmo 119 (2)

    Con mis labios he contado todos los juicios de tu boca. Salmo 119:13 Meditaciones sobre el Salmo 119 (2) Si el Señor nos muestra algo en su Palabra –una nueva luz, una verdad que nos impresiona– no suele ser solo para nuestro beneficio individual. Sí, en primer lugar es para nosotros personalmente, pero no deberíamos guardarlo solo para nosotros. ¿No deberíamos compartirlo con otros? Y preferiblemente, hacerlo cara a cara. Vivimos en tiempos en los que basta con pulsar un botón para compartir un pensamiento bíblico con cientos de personas en redes sociales. Pero hay algo especial y necesario en hablar unos con otros directamente y decir: «Esta mañana he encontrado algo muy valioso en la Palabra de Dios, y me gustaría compartirlo contigo». Puede ser con una sola persona, con nuestra familia o con un grupo de personas. Nuestros labios han de declarar los juicios de Su boca. Eso fue precisamente lo que hizo el Señor Jesús. En el Salmo 40 –una profecía mesiánica– encontramos estas palabras: “El hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado, y tu ley está en medio de mi corazón. He anunciado justicia en grande congregación; he aquí, no refrené mis labios, Jehová, tú lo sabes. No encubrí tu justicia dentro de mi corazón; he publicado tu fidelidad y tu salvación; no oculté tu misericordia y tu verdad en grande asamblea” (Sal. 40:8-10). Primero, la Ley estaba en su corazón. Pero no quedó allí: la anunció públicamente. Vemos lo mismo en el Salmo 119. Antes de que podamos compartir la Palabra con otros, esta debe ser preciosa para nuestras propias almas. No podemos dar lo que no hemos recibido. Un ejemplo ilustrativo lo hallamos en el libro de Rut. Ella espigó en el campo, comió de lo recogido, y luego, después de saciarse, llevó parte de ello a su suegra (véase Rut 2:18). A primera vista podríamos pensar que fue egoísta al comer primero. Pero, espiritualmente hablando, no hay otra forma: solo después de haber sido nosotros mismos alimentados con la Palabra de Dios, podemos alimentar a otros. Tiene que ser nuestro propio alimento antes de convertirse en el sustento de alguien más. Michael Vogelsang

  • Monday · 3 min

    Lunes 19 de Octubre de 2026 / Abrazar nuestras pruebas a través de la gracia de Dios

    Si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas. 1 Pedro 1:6 La multiforme gracia de Dios. 1 Pedro 4:10 Abrazar nuestras pruebas a través de la gracia de Dios “Afligidos en diversas pruebas”. Nadie en esta tierra escapa a esta experiencia. Algunas pruebas son breves interrupciones, molestias inesperadas que redirigen nuestra atención. Otras, en cambio, se hunden profundamente en nuestra vida, dejando cicatrices que quizás nunca desaparezcan del todo. Moisés, el varón de Dios, expresó que incluso quien vive más que la mayoría de las personas solo puede jactarse de su molestia y trabajo (véase Sal. 90:10). David, el dulce cantor de Israel, clamó con el alma angustiada: “¿Hasta cuándo, Jehová? ¿Me olvidarás para siempre?… ¿Hasta cuándo… [tendré] tristezas en mi corazón cada día?” (Sal. 13:1-2). Incluso nuestros poetas describen la vida como la de un actor que se pavonea y mueve brevemente en el escenario antes de desvanecerse en el silencio. El dolor de nuestras múltiples pruebas es real, y su diversidad puede hacernos sentir incomprendidos, como si nadie pudiera compartir del todo nuestro sufrimiento. Sin embargo, la Escritura también dice: “tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas” (Stg. 1:2). La respuesta cristiana al sufrimiento no consiste en apagar o negar nuestros sentimientos, como proponen algunas religiones o filosofías. En cambio, reconocemos la realidad del dolor mientras abrazamos la certeza de que Dios está obrando en medio de él, tanto en nosotros como por nosotros. Y lo afirmamos con confianza porque contamos con “la multiforme gracia de Dios”. Curiosamente, la palabra traducida como “multiforme” –rica en matices, como una pintura compuesta de muchos colores– es la misma que se utiliza para describir nuestras “diversas pruebas”. Cuando parece que no hay fin a la variedad de nuestras pruebas, descubrimos que tampoco hay límite para la variedad de la gracia de Dios. Ninguna prueba es tan profunda que su bondad no pueda alcanzarnos. Ningún sufrimiento es tan único que Dios no pueda responder con un suministro exacto, preparado desde el almacén inagotable de su gracia. Stephen Campbell

  • Sunday · 3 min

    Domingo 18 de Octubre de 2026 / El camino correcto (20) El Señor Jesús honró a Dios de la manera correcta

    El que sacrifica alabanza me honrará; y al que ordenare su camino, le mostraré la salvación de Dios. Salmo 50:23 El camino correcto (20) El Señor Jesús honró a Dios de la manera correcta El camino correcto comienza por dar a Dios el lugar que le corresponde, y por hacer lo que es correcto tanto ante él como ante los hombres. El apóstol Pablo exhorta a todos los cristianos a elevar rogativas, oraciones, peticiones y acciones de gracias por todos los hombres, especialmente por quienes ejercen autoridad en la sociedad. ¿Con qué fin? Para que podamos llevar una vida tranquila y apacible, con toda piedad y honestidad (véase 1 Ti. 2:1-2). Al rendirle a Dios lo que le pertenece y al mantener el equilibrio entre honrar a las autoridades y vivir una vida de oración, lo estamos incluyendo en cada aspecto de nuestra vida. Como hombres y mujeres cristianos (véase 1 Ti. 2:8-10), estamos llamados a representarlo en este mundo. Por nosotros mismos no tenemos fuerza –como dijo el Señor Jesús: “Separados de mí nada podéis hacer” (Jn. 15:5). Pero cuando encaminamos nuestra vida según la voluntad de Dios, disfrutamos de su presencia y recibimos ayuda desde lo alto. Hay, sin embargo, una excepción única a esta regla: nuestro Señor Jesucristo. Él, siendo perfectamente obediente y amoroso, experimentó lo opuesto a lo que dice el versículo de hoy. A pesar de haber honrado a Dios en todo, fue desamparado por él en la cruz: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” (Sal. 22:1). Por medio del Espíritu, proféticamente, el Señor expresó así la profundidad de ese sufrimiento: “Él debilitó mi fuerza en el camino; acortó mis días” (Sal. 102:23). Aunque vivió siempre en perfecta comunión y dependencia de su Padre, fue desamparado por el Dios santo y justo cuando cargó con nuestros pecados (véase 2 Co. 5:21). En ese momento no recibió ningún socorro divino, porque estaba pagando nuestra deuda como nuestro Sustituto, recibiendo en su cuerpo la ira que nosotros merecíamos. ¿Podremos alguna vez agradecerle lo suficiente en acción de gracias y adoración? Alfred E. Bouter

  • Saturday · 3 min

    Sábado 17 de Octubre de 2026 / El cincel de la aflicción

    Otros experimentaron vituperios y azotes, y a más de esto prisiones y cárceles. Fueron apedreados, aserrados, puestos a prueba, muertos a filo de espada; anduvieron de acá para allá cubiertos de pieles de ovejas y de cabras, pobres, angustiados, maltratados; de los cuales el mundo no era digno. Hebreos 11:36-38 El cincel de la aflicción Aunque muchos de nosotros anhelamos tener la fe heroica de los hombres y mujeres mencionados en Hebreos 11, pocos estamos dispuestos a atravesar el proceso que Dios utiliza para forjar ese tipo de confianza. Nos deleitamos al leer sobre las grandes victorias de quienes confiaron en el Señor, pero retrocedemos ante las descripciones de sufrimiento que aparecen en los versículos 36 al 38. Sin embargo, aunque ninguno de nosotros quiere pasar por situaciones tan terribles, Dios utiliza la adversidad como herramienta para purificar nuestra fe. Imagine al Señor como un escultor de pie ante un bloque de mármol. Ese mármol es usted. Con mirada experta y manos llenas de amor, él contempla la obra maestra que se oculta dentro del mármol. Con cada golpe de su cincel, va retirando todo aquello que no corresponde a la obra maestra que está formando. Una de las primeras áreas que el Señor trabaja es el carácter. Su objetivo es moldearnos a la imagen de su Hijo, y eso requiere «cincelar» rasgos y actitudes contrarios a tal imagen. Su cincel revela con precisión las raíces del pecado y del egoísmo en nosotros. Cuando algo o alguien ocupa un lugar más importante en nuestro corazón que el Señor, se convierte en un ídolo. Para librarnos de esa esclavitud, Dios puede permitir que enfrentemos pruebas que nos despojen de lo que antes sostenía nuestra seguridad. Así, somos llevados a apoyarnos solo en él. El cincel duele; a veces sentimos que nos está quitando todo lo que valoramos. Y si no comprendemos su propósito, podríamos pensar que es cruel. Pero si confiamos en Él y nos rendimos al proceso de formación, nuestra fe se purificará y fortalecerá a través de la aflicción. Tim Hadley, Sr.

  • Friday · 3 min

    Viernes 16 de Octubre de 2026 / Tito (1)

    Pablo, siervo de Dios y apóstol de Jesucristo… a Tito, verdadero hijo en la común fe. Tito 1:1, 4 Después, pasados catorce años, subí otra vez a Jerusalén con Bernabé, llevando también conmigo a Tito. Pero subí según una revelación… Mas ni aun Tito, que estaba conmigo, con todo y ser griego, fue obligado a circuncidarse. Gálatas 2:1-3 Tito (1) Hijo en la fe y caso de prueba Cuando el apóstol Pablo –bajo inspiración divina– le escribió una carta a Tito, uno de sus fieles colaboradores, él lo saludó como “verdadero hijo en la común fe”. Esta expresión es una clara indicación de que Tito había llegado a conocer personalmente al Señor Jesucristo como Salvador y Señor a través del ministerio del propio apóstol Pablo. En Hechos 15, leemos cómo Pablo y Bernabé subieron a Jerusalén a causa de una controversia doctrinal. Algunos maestros judaizantes habían llegado a Antioquía enseñando que, además de creer en el Señor Jesús, era necesario circuncidarse y guardar la Ley de Moisés para ser salvos. Pablo y Bernabé se opusieron con firmeza a esta enseñanza, y junto con otros hermanos de la iglesia de Antioquía, fueron enviados a Jerusalén para tratar la cuestión con los apóstoles y los ancianos. Más adelante, Pablo enfatiza, en la Epístola a los Gálatas, que él subió a Jerusalén “según una revelación”. Deliberadamente, Pablo llevó consigo a Tito, un creyente gentil. Con esto, presentó un caso de prueba: ¿Sería necesario que Tito se circuncidara y guardara la Ley para ser aceptado como cristiano? Algunos creyentes procedentes de la secta de los fariseos lo consideraban indispensable. Millones de creyentes a lo largo de la historia han estado profundamente agradecidos por la dirección clara que el Espíritu Santo proporcionó en ese momento crucial y por la conclusión a la que se llegó. Quedó establecido, sin lugar a dudas, que no es necesario añadir absolutamente nada a la fe en la obra consumada del Señor Jesús para que una persona sea salva. La salvación es únicamente por gracia, mediante la fe. Eugene P. Vedder, Jr.

  • Thursday · 3 min

    Jueves 15 de Octubre de 2026 / Pedro y su Señor (5) “¡Quítate de delante de mí, Satanás!” (B)

    Pero él, volviéndose, dijo a Pedro: ¡Quítate de delante de mí, Satanás! ; me eres tropiezo, porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres. Mateo 16:23 Pedro y su Señor (5) “¡Quítate de delante de mí, Satanás!” (B) La ardiente reconvención de Pedro al Señor Jesús –cuando este anunció Su inminente crucifixión y muerte– no estaba en conformidad con la mente de Dios. El Señor le respondió: “No pones la mira en las cosas de Dios”. Pedro había pasado completamente por alto el propósito de Dios: Su Hijo debía ser hecho sacrificio por el pecado, algo que los profetas habían declarado repetidamente en las Escrituras. Al estar ocupado en sus propias convicciones e ideas, Pedro pasó por alto lo que el Señor acababa de afirmar: Él resucitaría al tercer día (v. 21). Si hubiera escuchado y comprendido esta promesa, su perspectiva habría sido muy distinta. Que el Señor le dijera a Pedro: “¡Quítate de delante de mí, Satanás! ; me eres tropiezo”, pone en evidencia la gravedad de lo que había hecho. Cuando dejamos de fijar nuestra atención en las cosas de Dios y nos enfocamos en las de los hombres, entonces podemos estar dándole lugar a Satanás. En ese momento, los discípulos –y en particular Pedro, como su efusivo portavoz– estaban absortos en la esperanza del reino venidero y de la liberación de Israel de sus enemigos. Lamentablemente, también estaban ocupados en disputas sobre cuál de ellos sería el mayor en ese reino; sus pensamientos giraban en torno a sí mismos y no en torno a Cristo (véase Lc. 24:24, 27). Este egocentrismo carnal ofrecía a Satanás una oportunidad para tratar de frustrar los propósitos de Dios. Lamentablemente, lo mismo ha ocurrido a lo largo de la historia de la Iglesia, y sigue ocurriendo. Con frecuencia, los cristianos mezclan sus propias aspiraciones con los planes de Dios. Agendas y partidismo político, nacionalismo, orgullo étnico y esfuerzos por reformar el mundo han sido revestidos con formas cristianas. Satanás se vale de estas cosas para desviar la mirada de Cristo y frustrar los propósitos de Dios. Sin embargo, los propósitos del Dios soberano y altísimo siempre prevalecerán. Brian Reynolds

  • October 14 · 3 min

    Miércoles 14 de Octubre de 2026 / La excelencia de la fiabilidad

    Como diente malo y pie que resbala es la confianza en el hombre engañador en tiempo de angustia. Proverbios 25:19 NBLA La excelencia de la fiabilidad Pocas virtudes despiertan tanto respeto entre hombres y mujeres de bien como la confiabilidad. Esta cualidad, tan fina como firme, es la base de toda verdadera amistad, el fundamento de cualquier proyecto duradero y el cimiento indispensable de la confianza entre personas. Ser digno de confianza no es algo que se logre en un día; es el fruto de años de perseverancia constante en lo que es justo y recto. Sea fiel a quienes han depositado su confianza en usted. Sea cuidadoso incluso en las cosas pequeñas. En Lucas 16:10, el Señor nos recuerda que la fidelidad no depende de la magnitud de lo que se nos encomienda, sino del carácter con el que respondemos: “El que es fiel en lo muy poco, también en lo más es fiel”. La fidelidad en las cosas pequeñas forja el carácter. Y como bien se ha dicho, «el carácter es hábito consolidado, y cuando está bien formado, tiende a mantenerse». Ser fiel en lo pequeño durante la juventud es una de las mejores protecciones contra ese deterioro moral que lamentablemente a veces aflora en la edad madura. Además, Dios nos entrena en lo pequeño para prepararnos para tareas mayores, porque a sus ojos todo servicio fiel tiene el mismo valor. El principio aplica a cada área de la vida. Como expresó un poeta: «Si yo fuera zapatero, sería mi orgullo ser el mejor entre todos los zapateros. Si fuera calderero, me esforzaría también, y nadie como yo repararía un mal sartén» Sea también leal a sus promesas. Otro autor escribió con acierto: «Hay todo tipo de hombres elogiados por todo tipo de cosas. Pero yo otorgo el primer puesto, el primer premio, la cinta azul, la medalla de oro, el premio nobel y tres hurras… al hombre que cumple su palabra». G. Henderson “Mostrándose fieles en todo, para que en todo adornen la doctrina de Dios nuestro Salvador”. Tito 2:10

  • October 13 · 3 min

    Martes 13 de Octubre de 2026 / Crecimiento espiritual: hijitos, jóvenes y padres

    Os escribo a vosotros, hijitos, porque vuestros pecados os han sido perdonados por su nombre. Os escribo a vosotros, padres, porque conocéis al que es desde el principio. Os escribo a vosotros, jóvenes, porque habéis vencido al maligno. Os escribo a vosotros, hijitos, porque habéis conocido al Padre. 1 Juan 2:12-13 Crecimiento espiritual: hijitos, jóvenes y padres El primer versículo de esta porción está dirigido a los “hijos”, no a los “hijitos” (véase NBLA y comparar). Es una declaración general que precede a las distinciones entre los tres grupos descritos más adelante. En primer lugar, se afirma un hecho glorioso y fundamental para todo creyente: el perdón eterno de los pecados. Este perdón es definitivo, irrevocable y no se basa en méritos humanos, sino que es concedido “por el nombre de Cristo”. Este perdón nunca perderá su poder. Sin embargo, hay diferentes etapas de crecimiento espiritual, las cuales son mencionadas a continuación. Comenzamos con los “hijitos”, en quienes se destaca una experiencia temprana y preciosa: “Habéis conocido al Padre”. Aquí se resalta la relación vital e íntima con Dios, quien es conocido en su amor tierno, su verdad y su gracia. Para el alma que ha nacido de nuevo, Dios se vuelve accesible y absolutamente necesario. Hay en esta etapa una frescura especial, una alegría pura en la sencillez de la fe de un niño. El segundo grupo es el de los “jóvenes”, de quienes se dice que han “vencido al maligno”. Esto implica un conocimiento enérgico que ha aprendido a discernir y rechazar los sutiles esfuerzos de Satanás, quien busca falsificar la bendita doctrina de Cristo. Los “jóvenes” muestran su energía y progreso, el cual se manifiesta en este poder efectivo sobre el poder del enemigo. Finalmente vemos a los “padres”, quienes han conocido “al que es desde el principio”. Con el enemigo vencido, han alcanzado la madurez de una vida de paz y tranquilidad, alimentada por el conocimiento de Cristo. El alma de los “padres” se caracteriza por la dignidad y la sabiduría, cualidades que han adquirido por el pleno conocimiento de Cristo, en toda la bendita manifestación de su gloria que es “desde el principio”. L. M. Grant

  • October 12 · 3 min

    Lunes 12 de Octubre de 2026 / El Evangelio empieza en casa

    De esto contaréis a vuestros hijos, y vuestros hijos a sus hijos, y sus hijos a la otra generación. Joel 1:3 El Evangelio empieza en casa De esta manera tan sencilla, por la gracia de Dios, se mantiene vivo en la tierra un testimonio permanente a favor de la verdad: los amados del Señor deben transmitir a sus hijos el testimonio del Evangelio y del pacto, y estos, a su vez, a sus propios descendientes. Este es nuestro primer deber. El hogar es el punto de partida: quien no comienza su ministerio en casa, no es un buen predicador. Ciertamente, debemos alcanzar a los paganos por todos los medios, y recorrer caminos y vallados en busca de almas; pero la familia tiene prioridad. ¡Ay de aquel que invierte el orden establecido por el Señor! Enseñar a nuestros hijos es un deber personal e intransferible. No podemos delegarlo a los maestros de escuela dominical ni a otros colaboradores bien dispuestos. Ellos pueden ayudarnos, pero no sustituirnos. Los padrinos o patrocinadores religiosos no reemplazan el llamado divino: son un recurso artificial cuando se trata de la fe. Padres y madres deben seguir el ejemplo de Abraham, guiando sus hogares en el temor del Señor y hablando con sus hijos de las maravillas del Altísimo. Esta labor es además un deber natural. ¿Quién está mejor capacitado para velar por el bienestar espiritual de un niño que aquellos a quienes debe su existencia? Descuidar la instrucción espiritual de nuestros hijos es peor que una falta de sabiduría: es una forma de crueldad moral. La religión familiar es vital para la nación, para la familia misma y para la Iglesia de Dios. En nuestros días, la falsa religión avanza con sutileza y poder, infiltrándose por múltiples caminos. Y, sin embargo, uno de los medios más eficaces para resistir su avance se descuida: la enseñanza de la fe a los niños. ¡Ojalá los padres despertaran al sentido de la responsabilidad que tienen delante de Dios! Es un deber alegre el hablarles de Jesús a nuestros hijos. Y aún más, es una labor que a menudo ha sido honrada por Dios. Muchos niños han sido llevados a Cristo por medio de las oraciones y exhortaciones fieles de sus padres. Que cada hogar al que lleguen estas palabras honre al Señor y reciba su sonrisa de aprobación. C. H. Spurgeon

  • October 11 · 3 min

    Domingo 11 de Octubre de 2026 / Tres resultados de la muerte de Cristo

    Ahora es el juicio de este mundo; ahora el príncipe de este mundo será echado fuera. Y yo, si fuere levantado de la tierra, a todos atraeré a mí mismo. Y decía esto dando a entender de qué muerte iba a morir. Juan 12:31-33 Tres resultados de la muerte de Cristo En estas palabras concisas y proféticas, el Señor Jesús anunció que, como consecuencia de su muerte en la cruz, se producirían tres resultados trascendentales. 1. “Ahora es el juicio de este mundo”. En su venida, Jesús fue la Luz del mundo, pero los hombres amaron más las tinieblas que la luz. Dios había enviado antes a muchos siervos en busca del fruto de Su obra, tan abundante y generosa, pero todos fueron maltratados. Finalmente, envió a su Hijo amado, diciendo: “Tendrán respeto a mi hijo. Mas aquellos labradores dijeron entre sí: Este es el heredero; venid, matémosle, y la heredad será nuestra. Y tomándole, le mataron, y le echaron fuera de la viña” (Mr. 12:6-8). El mundo ha sido juzgado y hallado culpable: rechazó y crucificó al Hijo de Dios. 2. “Ahora el príncipe de este mundo será echado fuera”. Este usurpador, que desde el principio ha procurado frustrar los designios de Dios, que instigó al pueblo a crucificar al bendito Hijo de Dios, que ha cegado los ojos de la humanidad para que no vean ni les ilumine la luz del evangelio y sean salvos, será finalmente vencido. Su destino está sellado: el lago de fuego que arde con fuego y azufre será su fin. 3. “Y yo, si fuere levantado de la tierra, a todos atraeré a mí mismo”. La muerte de Cristo tiene un poder vicario y atrayente con el que puede atraer a los hombres hacia Él. Conmovido por su grandeza, un autor de himnos escribió: «Aunque el mundo desprecie la cruz de Jesús, para mí tiene suma atracción». Aún hoy, la voz del Salvador resuena con poder: “Mirad a mí, y sed salvos, todos los términos de la tierra, porque yo soy Dios, y no hay más” (Is. 45:22). Richard A. Barnett Cuando enclavado allá en el Calvario, manso vertías tu sangre ¡oh Jesús! A nuestras almas, que son tu salario, cual un imán atraía tu cruz. M. Cosidó

  • October 10 · 3 min

    Sábado 10 de Octubre de 2026 / La ingratitud del rey Saúl

    Y cantaban:… Saúl hirió a sus miles, y David a sus diez miles… Y desde aquel día Saúl no miró con buenos ojos a David. 1 Samuel 18:7, 9 La ingratitud del rey Saúl Israel le debía todo a David. Los filisteos no solo amenazaban con apoderarse de sus tierras y riquezas, sino con esclavizar por completo a hombres, mujeres y niños. Saúl no podía liberarlos –ni Jonatán ni Abner eran capaces de revertir la situación–, y el pueblo estaba al borde de la desesperación. Entonces apareció David. Arriesgando su vida, él venció al gran enemigo y liberó al pueblo de su poder. Era sin duda el único en todo el reino con verdadero derecho a reinar, y la conciencia de Saúl lo sabía. Pero en su orgullo egoísta se negó a rendirse a David. Saúl se consideraba el primero en sus propios pensamientos, y odiaba a David porque sabía que David debía ocupar ese lugar. Sin embargo, David no sufrió en la batalla que libró por Israel; protegido por la poderosa mano del Señor, salió ileso, sin una sola herida. Qué distinto fue el caso de nuestro Señor Jesucristo, quien vino para liberar a la humanidad. Su apariencia fue desfigurada más que la de cualquier hombre, y su rostro más que el de los hijos de los hombres. Sus manos y sus pies fueron traspasados, clavados en el madero. Todo dolor se concentró en él, y bebió hasta el fondo la copa amarga de la muerte. Él obtuvo una liberación eterna para los pecadores –una liberación del poder de Satanás, del temor a la muerte y del infierno–, a un costo incalculable para sí mismo. ¡Qué vil es la ingratitud que se niega a amarlo! ¡Qué pecaminoso es el egoísmo que no se rinde ante él! ¡Qué terrible el orgullo que rehúsa recibir la bendición de Dios mediante un Cristo crucificado! Dios ofrece bendición –grande y gratuita– por medio de la muerte del Señor Jesús. Pero nadie la recibirá sin antes rendirse ante él. Rechazarlo, negarse a amarlo, es rebelión abierta contra Dios, y esa rebelión no quedará sin respuesta. ¡Ay! «Todo de mí, y nada de Dios» –ésta es la respuesta que miles siguen dando a las justas demandas de Cristo. J. T. Mawson

  • October 9 · 3 min

    Viernes 9 de Octubre de 2026 / La libertad del servicio

    Mi yugo es fácil, y ligera mi carga. Mateo 11:30 La libertad del servicio El creyente sirve a Dios porque es su hijo; y el servicio del Señor es perfecta libertad. El yugo del Señor es fácil, y su carga, ligera. El cristiano sirve a Dios como pecador redimido y como hijo adoptivo, impulsado por el amor de Cristo. No trabaja para alcanzar la libertad, sino porque ya la posee; no busca la vida, sino que actúa a partir de la vida que ha recibido. Este es un servicio feliz, que fluye de un corazón alegre, y es realizado por un espíritu dispuesto, y muchas veces acompañado de recompensas presentes. No hay preocupaciones ni cargas relacionadas con tal servicio: apunta únicamente a un objeto glorioso, a saber, exaltar a Aquel que nos rescató con su propia sangre. Sabemos que su sangre ha purificado nuestras conciencias de las obras muertas para servir al Dios vivo, mientras esperamos de los cielos a su Hijo. Pero hay aún más. Tenemos libertad para confiar en él en todo momento, para echar sobre él todas nuestras preocupaciones, para regocijarnos en el Señor siempre y para orar sin cesar. Por la fe, podemos sentarnos a los pies traspasados del Salvador, buscar allí instrucción y oír su Palabra con la bendita conciencia de que esos pies nos hablan de una expiación consumada y de un alma liberada. Podemos apoyarnos en su brazo mientras cruzamos el desierto, recordando con gozo que ese brazo fue voluntariamente extendido en la cruz del Calvario, atado al madero maldito para hacernos eternamente libres. Podemos reposar nuestros corazones cansados sobre su pecho herido, en la dulce seguridad de que de su costado fluyeron sangre y agua –el bendito y seguro testimonio de la libertad con la que Cristo nos ha hecho libres, y del perfecto amor y favor de nuestro inmutable Dios. No todos los creyentes disfrutan de esta libertad en sus almas, pero sigue siendo el privilegio de todos los que creen en el Señor Jesús para salvación. Porque esta libertad no depende de lo que sentimos, sino de lo que ya se ha cumplido: es la libertad con la que Cristo nos ha hecho libres. H. H. Snell

  • October 8 · 3 min

    Jueves 8 de Octubre de 2026 / El camino correcto (19) Contender por el camino correcto

    Muchos seguirán sus disoluciones, por causa de los cuales el camino de la verdad será blasfemado… Han dejado el camino recto, y se han extraviado siguiendo el camino de Balaam hijo de Beor, el cual amó el premio de la maldad. 2 Pedro 2:2, 15 El camino correcto (19) Contender por el camino correcto Hagamos que nuestra principal prioridad sea seguir el camino correcto (o recto) –el camino de la verdad– en consonancia con la santidad de Dios. Qué triste es ver a cristianos profesantes, e incluso a verdaderos creyentes, abandonar el camino correcto. Esta desviación comenzó en los primeros tiempos de la Iglesia, impulsada por el amor al dinero, una forma de idolatría. Las personas abandonaron el camino correcto al adoptar enseñanzas erróneas, negando la Trinidad, el nacimiento virginal, la resurrección física del Señor Jesús y su segunda venida. Estos pilares de la fe cristiana están constantemente bajo ataque. Sin embargo, nosotros somos responsables de guardar y sostener la verdad que hemos recibido. Muchas personas profesan estas verdades solo de forma intelectual; pero deben ser abrazadas por la fe. Pedro escribió acerca de los tales: “Mejor les hubiera sido no haber conocido el camino de la justicia, que después de haberlo conocido, volverse atrás del santo mandamiento que les fue dado. Pero les ha acontecido lo del verdadero proverbio: El perro vuelve a su vómito, y la puerca lavada a revolcarse en el cieno” (2 P. 2:21-22). Este pasaje retrata la apostasía de quienes, teniendo conocimiento del cristianismo, se alejaron de él para volver al judaísmo o a sus falsificaciones. Judas también nos exhorta acerca de la urgente necesidad de contender ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos (Jud. 3). Esta fe es atacada por aquellos que afirman: 1. Que los esfuerzos humanos son suficientemente buenos; 2. Que no se necesita un sacrificio por el pecado; 3. Que ellos hablan en nombre de Dios. ¡Ay de ellos, pues solo buscan sus propios intereses! “¡Ay de ellos! porque han seguido el camino de Caín, y se lanzaron por lucro en el error de Balaam, y perecieron en la contradicción de Coré” (Jud. 11). Alfred E. Bouter

  • October 7 · 3 min

    Miércoles 7 de Octubre de 2026 / Meditaciones sobre el Salmo 119 (1)

    Bienaventurados los que guardan sus testimonios, y con todo el corazón le buscan. Salmo 119:2 Meditaciones sobre el Salmo 119 (1) ¿Por qué estudiamos la Palabra de Dios? ¿Por qué son bienaventurados quienes lo hacen? Estudiar las Escrituras no es un mero ejercicio intelectual. Podemos tratar de entender muchas cosas en la Palabra de Dios, pero por encima de todo, en ella se revela una Persona, y es a ella a quien debemos buscar. Es una verdadera bendición acercarnos a la Palabra con el deseo profundo de encontrar a Cristo en ella. El mismo Señor Jesús dijo a los judíos: “Escudriñad las Escrituras… ellas son las que dan testimonio de mí” (Jn. 5:39). Por eso, si nuestro anhelo al leerla es conocer más a nuestro Señor y Maestro, sin duda seremos bendecidos. En segundo lugar, aquellos que lo encuentran en la Palabra son quienes lo buscan con todo el corazón. No puede haber un corazón dividido en este aspecto. No podemos dividir nuestra atención entre el Señor y otras cosas. No podemos pretender que nuestra vida está dividida en dos partes: una cristiana y otra secular en la que no queremos saber qué piensa Dios al respecto –en esta parte pueden entrar nuestros negocios, el entretenimiento o cualquier otra actividad de la vida cotidiana. Debemos buscar al Señor con todo nuestro corazón. En Deuteronomio 4:29 leemos: “Mas si desde allí buscares a Jehová tu Dios, lo hallarás, si lo buscares de todo tu corazón y de toda tu alma”. Esta promesa permanece firme: si lo buscamos en las Escrituras con un corazón íntegro y un deseo sincero de conocerlo, lo hallaremos. No conozco a nadie que haya podido decir honestamente: «Busqué al Señor en su Palabra, oré, leí con diligencia, y nunca lo encontré». Lo hallaremos si lo buscamos con un corazón recto y con el deseo sincero de encontrarlo. Michael Vogelsang ¡Oh santifícanos, Señor! Llena nuestra alma de tu amor, tu voz haznos oír; tu dulce rostro contemplar, tus perfecciones admirar, ¡y para ti vivir! H. G. Jackson

  • October 6 · 3 min

    Martes 6 de Octubre de 2026 / Pedro y su Señor (4)

    Entonces Pedro, tomándolo aparte, comenzó a reconvenirle, diciendo: Señor, ten compasión de ti; en ninguna manera esto te acontezca. Mateo 16:22 Pedro y su Señor (4) “¡Quítate de delante de mí, Satanás!” (A) Aunque los cristianos ya no están en la carne en cuanto a su posición ante Dios (Ro. 8:9), la carne aún permanece en ellos. Y si no andamos en el Espíritu ni permanecemos en comunión con Cristo, la carne inevitablemente se manifestará. Esta es, sin duda, la explicación de la inconsistencia que con frecuencia vemos en la vida de muchos cristianos: en un momento honramos al Señor, y al siguiente lo deshonramos. El apóstol Pedro nos ofrece un ejemplo claro de esta clase de inconsistencia. Pedro había confesado que Jesús era “el Cristo, el Hijo del Dios viviente” (Mt. 16:16). Esa confesión no provenía de “carne ni sangre”, sino que le había sido revelada por el Padre celestial (véase v. 17; comp. Jn. 1:13). Por tal confesión, inspirada por el cielo, el Señor le dice a Pedro que es “bienaventurado”. Sin embargo, inmediatamente después leemos que “comenzó Jesús a declarar a sus discípulos que le era necesario ir a Jerusalén y padecer mucho… y ser muerto, y resucitar al tercer día” (v. 21). La reacción de Pedro ante este anuncio nos sorprende tanto como la solemne respuesta del Señor. Sin embargo, este episodio está registrado para nuestra enseñanza. Pedro tomó al Señor aparte y comenzó a reprenderlo, diciendo: “Señor, ten compasión de ti; en ninguna manera esto te acontezca”. La palabra «reconvenir» significa advertir con seriedad. Pedro pretendía darle al Señor una amonestación privada. Pero en realidad, si el Señor moría, todas las esperanzas terrenales de Pedro –como reinar junto a él en un reino visible– quedarían frustradas. En ese momento, Pedro pensaba más en sus propios intereses que en el Señor y sus propósitos. ¡Cuán a menudo le sucede esto a los cristianos! Mezclamos nuestros propios planes, pensamientos y agendas con los de Dios, tratando inconscientemente de hacerlos compatibles. Brian Reynolds

  • October 5 · 3 min

    Lunes 5 de Octubre de 2026 / Tener compasión por el pueblo de Dios en días de ruina

    El rey [Ezequías] había tomado consejo con sus príncipes, y con toda la congregación en Jerusalén, para celebrar la pascua en el mes segundo… Fueron, pues, correos con cartas de mano del rey… y decían: Hijos de Israel, volveos a Jehová. 2 Crónicas 30:2, 6 Tener compasión por el pueblo de Dios en días de ruina Debido a la impureza ceremonial de quienes deseaban participar en la Pascua, el rey Ezequías la celebró el día catorce del mes segundo, en lugar del mes primero, como lo prescribía la Ley. Esta excepción estaba contemplada en Números 9:10-11. Sin embargo, surgieron más complicaciones: muchos de los que deseaban participar no se habían purificado conforme a lo establecido. “Comieron la pascua no conforme a lo que está escrito” (2 Cr. 30:18). Pero Ezequías discernió que ellos habían dispuesto sus corazones para buscar a Dios, y no se detuvo en su falta de purificación externa. Con base en su intercesión, el Señor los perdonó y los sanó. Aquí hay una lección preciosa para nosotros, especialmente en días de ruina. Dios tiene paciencia con la debilidad y la falta de comprensión cuando el corazón es recto. Podemos contar con su misericordia y ayuda cuando, en sinceridad, tratamos de aplicar los principios de su Palabra a situaciones complejas. No se trata de justificar la desobediencia deliberada –eso Dios no lo aprueba–, pero sí vemos su compasión hacia quienes lo buscan de corazón y su disposición a atender la oración de quienes se dirigen a él. Aunque las diez tribus estaban separadas políticamente de Judá y ya habían sido conquistadas por Asiria, no fueron excluidas. El decreto se envió por todo Israel, desde Beerseba hasta Dan. La cariñosa invitación de Ezequías es un modelo para nosotros en la actualidad, cuando el pueblo de Dios está disperso y dividido por un enemigo mucho más sutil y poderoso que Asiria. ¿Vamos a despreciar e ignorar a nuestros hermanos? ¿O, más bien, les tenderemos la mano con compasión y sana doctrina? Grant W. Steidl

  • October 4 · 3 min

    Domingo 4 de Octubre de 2026 / Cristo desamparado por Dios

    Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? Salmo 22:1, 3 Cristo desamparado por Dios Este salmo es, por excelencia, el salmo de Aquel que fue desamparado por Dios. En esto él es único. No significa que otros salmos no hagan referencia a la hora solemne de la cruz o a la bendita Persona que se dirige aquí a Dios, sino que este salmo nos habla de ello más que todos los demás. Aquí encontramos no solo al Señor tomando lugar entre los hombres –como Aquel que confiaba en Dios, según describe el salmo 16, con inquebrantable confianza, mirando a la resurrección a través de la muerte y a la gloria a la diestra de Dios– sino que hallamos también un contraste. Es desamparado de Dios, pero se aferra tenazmente a él y lo reivindica plenamente. No son sus enemigos quienes afirman ahora que sea desamparado por Dios, aunque lo hayan dicho también, sino el Señor mismo quien lo dice a Dios. Jamás hubo semejante hora para Jesús, ni podrá haber nunca otra igual. El bien y el mal, en esa hora, fueron puestos frente a frente en la única persona que podía resolver el enigma. Ambos se encontraron en Aquel que era perfectamente bueno y que, no obstante, cargaba el mal de parte de Dios: era el momento de la expiación. Este pensamiento, aunque profundo, no es el único que encontramos en este salmo: Jesús hecho pecado es el primer y más esencial concepto. Dios estaba allí –no podía no estar– ya que era el juez del pecado, el que hizo que su Hijo, quien no conoció pecado, fuese hecho pecado por nosotros. Dios estaba allí, no solo como Aquel que aprobaba lo bueno, sino como Juez de todo el mal puesto sobre la bendita cabeza del Señor en la cruz. Era Dios desamparando al Siervo fiel y obediente; sin embargo, era su Dios –esto no debía ni podía jamás olvidarse. Al contrario, aun allí lo proclama diciendo: “Dios mío, Dios mío”. Pero debe agregar entonces: “¿Por qué me has desamparado?” En ese momento, y solo entonces, Dios desamparó a su Siervo fiel, al hombre Cristo Jesús. Nos inclinamos ante este misterio de los misterios en su Persona: Dios manifestado en carne. W. Kelly

  • October 3 · 3 min

    Sábado 3 de Octubre de 2026 / Cuatro cosas que tenemos en Cristo

    Mas por él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención. 1 Corintios 1:30 Cuatro cosas que tenemos en Cristo Cristo nos ha sido hecho sabiduría de Dios. ¿Qué clase de sabiduría? Sabiduría divina. ¿Cómo podría Dios amar a alguien como yo? Esa es precisamente la sabiduría de Cristo. Cuando Cristo es hecho sabiduría para mí, ya no necesito apoyarme en mi propia sabiduría; puedo aprender de él con la humildad de un niño. ¿En qué sentido él fue sabiduría? Descendió hasta donde reinaba la muerte y obtuvo victoria sobre ella. El mundo pecó contra Dios, y él, movido por misericordia, entró en ese mismo mundo. Eso es sabiduría. Aunque la maldad persiste en este mundo, Dios la soporta con paciencia. ¿Por qué? Porque está salvando a los pecadores por medio de Cristo el Señor: tal es la sabiduría de Dios. La justicia que recibimos no es otra que la justicia perfecta de Dios. En Cristo, no solo encuentro sabiduría que me da paz, sino una justicia sin mancha, sin defecto. Y, por su gracia, también me es hecha la santificación. Todo lo que implica la nueva vida –su medida, su poder, su consagración– está en Cristo. No como Israel –que fue apartado por la circuncisión y el paso por el Mar Rojo–, sino en Cristo mismo. Cristo es la clave que da sentido al rompecabezas de este mundo. Por él, ya no tengo que temblar de terror ante Dios. Ahora puedo gloriarme en él y adorar con gozo a Aquel que es todo lo que necesito. Cuanto más medito en él, más perfecto y maravilloso me parece. Él es un Salvador completo, y por eso aprendemos que él nos ha sido hecho redención. Esto aparta por completo el poder del mal y la muerte. Si bien esperamos la redención del cuerpo, ya poseemos la redención en Aquel que es nuestra Cabeza, Cristo. Y el fruto de esa redención lo aguardamos con certeza. ¿Por qué esperamos? Porque es el tiempo de su paciencia. Pero ahora, en el más alto y profundo sentido, ya hemos sido redimidos para él. J. N. Darby

  • October 2 · 3 min

    Viernes 2 de Octubre de 2026 / Cristo: nuestro Pariente redentor

    Había esta costumbre en Israel tocante a la redención y al contrato, que para la confirmación de cualquier negocio, el uno se quitaba el zapato y lo daba a su compañero; y esto servía de testimonio en Israel. Rut 4:7 Cristo: nuestro Pariente redentor En los días de los Jueces hubo hambre en la tierra. En ese tiempo, un hombre llamado Elimelec tomó a su esposa Noemí y a sus dos hijos, Mahlón y Quelión, y abandonó su tierra natal para establecerse en Moab. Allí, sus hijos se casaron con mujeres moabitas. Sin embargo, con el paso del tiempo, Elimelec y sus dos hijos murieron, y Noemí quedó viuda. Profundamente afligida, Noemí decidió regresar a su tierra y a su pueblo. Una de sus nueras, Rut, se unió a ella y emprendió el viaje de regreso. Al llegar, Noemí descubrió que había perdido su heredad y, como viuda, no tenía medios para subsistir. El pariente más cercano no podía redimir la tierra para ella, ni casarse con Rut para dar continuidad al nombre de Mahlón. Sin embargo, Booz, otro pariente, sí podía y estaba dispuesto a redimir la herencia y levantar descendencia al difunto. La redención debía realizarse públicamente, a la puerta de la ciudad, ante testigos. En este relato vemos una imagen de nosotros mismos. Como Elimelec, buscamos lo que parecía mejor y nos alejamos, yendo simbólicamente a Moab, figura del mundo. Como resultado, nos hallamos en necesidad, como Noemí y Rut. El pariente cercano representa a la Ley: aunque justa, no puede redimir. Booz, figura de Cristo, no solo podía redimir, sino que también estaba dispuesto. Al quitarse el zapato, el pariente cercano declaraba que no podía recorrer el camino del redentor. Booz, al tomarla, afirmaba con hechos: «Puedo hacerlo y lo haré». Así también Jesús, nuestro pariente redentor, como el Cristo, pudo y quiso redimirnos. Lo hizo cuando estábamos en nuestra mayor necesidad, como Rut y Noemí. Brian Prigge ¡Redentor, oh qué belleza en tal título se ve! Cristo sólo, con certeza, digno de llevarlo fue. R. Holden

  • October 1 · 3 min

    Jueves 1 de Octubre de 2026 / Diezmar o no diezmar

    Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. Romanos 12:1 Diezmar o no diezmar Muchas congregaciones cristianas le dan mucha importancia al acto de dar el 10% de sus ingresos a Dios, es decir, el diezmo. Otros, en cambio, insisten en que, como ya no estamos bajo la Ley, el diezmo no es obligatorio. El versículo de hoy nos da una respuesta clara. Dios desea que presentemos nuestros cuerpos en sacrificio vivo. Entonces, ¿qué es lo que agrada a Dios: solo el 10% de nosotros? Además, esta entrega debe ser voluntaria, una ofrenda de libre voluntad, no una imposición. ¿Qué valor tendría si le dijera a mi hijo: «Hijo, quiero que me digas todos los días que me amas. Si no lo haces, te castigaré»? Si lo hiciera, no significaría mucho para mí, pues lo haría por obligación, no por amor. Pero si, por su propia iniciativa, viene y me dice que me ama, eso sí me alegraría. El Antiguo Testamento nos proporciona algunos principios útiles. Si damos el 10%, no hacemos más que lo que hacía un judío bajo la Ley. Si damos menos, somos considerados «ladrones» (véase Mal. 3:8). Sin embargo, al estar bajo la gracia, se nos anima a darle todo lo nuestro al Señor. Esto fue lo que hicieron los creyentes en Macedonia: primero se entregaron a sí mismos al Señor, y luego dieron sacrificialmente para los creyentes necesitados en otros lugares (véase 2 Co. 8:1-5). Así debemos dar nosotros también: primero nosotros mismos, y luego según la necesidad y nuestra capacidad, recordando que todo lo que tenemos nos ha sido dado por el Señor. Todo le pertenece a él, nosotros solo somos administradores de lo que él nos ha confiado. Entonces damos, y lo hacemos para las necesidades de la obra del Señor y para cubrir las necesidades de los suyos. No lo hacemos por obligación, sino por amor a Aquel que nos redimió. Así que sí, el diezmo como mandato quedó en el pasado, pero también debemos entender que debemos darle al Señor aquello que es legítimamente suyo. Albert Blok

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