
55. Godzilla integral (III): Mutaciones de la era Millennium
Llegamos a la tercera parada de nuestro recorrido por todas las películas japonesas de Godzilla. Solo cuatro años después de haber explotado la muerte definitiva del monstruo como estrategia de marketing, la Toho volvió a resucitarlo con «Godzilla 2000» (1999). Inauguró así la serie Millennium, que con seis entregas —una por año— culminó en la pantagruélica «Godzilla: Final Wars» (2004). El detonante de tan apresurada resurrección fue el estreno, en 1998, de la primera película estadounidense de Godzilla, dirigida por Roland Emmerich y que, casi treinta años después, mantiene su vigencia como blanco del desprecio de los fans. Para Toho, sin embargo, la operación resultó muy provechosa. Además de los ingresos derivados de la licencia, la enorme difusión internacional de la película volvió a poner a Godzilla en el centro de la cultura popular y, tras la mala fama que no tardó en cosechar entre los aficionados, permitió a la compañía presentar el regreso de la saga japonesa como el refugio del público godzillofílico. La era Millennium estuvo marcada por la improvisación y la discontinuidad. Frente al relato unitario de la Heisei, Toho apostó por películas que podían reinventar su propia relación con el pasado: funcionar como nuevas continuaciones de la «Godzilla» de 1954 o incorporar a su continuidad distintas películas y monstruos de la era Showa. Solo «Godzilla Against Mechagodzilla» (2002) y «Godzilla: Tokyo S.O.S.» (2003) forman una continuidad directa entre sí. Toho también abrió la saga a colaboraciones puntuales con cineastas ajenos a sus directores de plantilla, que pudieron imprimirle su sello más personal. Es el caso de Shusuke Kaneko, que con su trilogía de «Gamera» en los noventa se había ganado la admiración de los aficionados al kaiju y fue reclutado para dirigir la memorable «Godzilla, Mothra and King Ghidorah: Giant Monsters All-Out Attack» (2001). O el del director de culto Ryūhei Kitamura, que con «Godzilla: Final Wars» trasladó a la saga su gusto por la acción desenfrenada, las explosiones continuas y el disparate narrativo. Tras los micros siguen Miguel Muñoz Garnica, José Luis Forte y Julio Bernad.


















